lunes, 7 de septiembre de 2015

Distorsiones del ignorante hipersensible: De la tragedia humanitaria al morbo.

La imagen de Phan Thị Kim Phúc desnuda huyendo del napalm conmocionó al mundo en los años setentas.  No fue factor influyente para detener la guerra en Vietnam, pero probablemente lo hubiera sido de haber sido difundida algunos meses antes.  Sin embargo, como muchas otras imágenes pullitzereables, levantó ámpula y en todo el mundo se multiplicaron las voces de protesta contra el imperio y sus estrategias bélicas altas en vitamina C. La fotografía de Kevin Carter que capturó un niñó famélico con un buitre al acecho, también ayudó a redimensionar en el imaginario occidental la idea de la hambruna africana en la década de los noventas, aunque dicho atrevimiento le costó al fotógrafo hacerla de chivo expiatorio y terminar financiera, social y anímicamente quebrado.

Hace unos meses Facebook se llenaba de imágenes de niños asesinados por los bombardeos en la Franja de Gaza, y esta semana una de cada tres publicaciones representa un niño ahogado literal y simbólicamente por intereses políticos que le eran completamente ajenos. El viernes pasado escuché en el trabajo que era una lástima que todo mundo estuviera posteando tales cosas por que a la larga dejaban de "impresionar". Ayer encontré varias publicaciones de "contrataque" que denunciaban el tremendo morbo que implica estar colgando fotos de niñitos muertos en las redes. 

Albert Bandura, uno de los teóricos más importantes en el tema de los juicios morales y la victimización, explica de manera muy sencilla cómo vamos por la vida haciéndole a Pilatos la competencia en eso de lavarnos las manos.  Él afirma que una de las maneras más eficientes de no sentirnos responsables de algo es justamente no verlo de manera directa.  Trescientos muertos anónimamente plasmados en el periódico no le hacen cosquillas a la fotografía nítida de uno sólo. Como seres humanos, podemos ahorrarnos al empatía frente a un montón de símbolos, pero no frente a una imagen. Está en nuestro cerebro reptiliano, y cuando vemos otro humano sufriendo (independientemente de quienes también lloramos si vemos sufrir una lagartija), nuestro impulso principal es el de ayudar, sobre todo si se trata de una cría de nuestra especie. Es una cuestión evolutiva incontrovertible, no podemos ser inmunes al sufrimiento ajeno.

!Pero tampoco podemos hacer nada por los niños sirios! Dirá más de alguno. ¿Cómo no mi estimado amigo? Mire usted, lea los periódicos, infórmese, deje de hablar de pendejadas fomentadas por televisa y pregúntese que carajos está pasando en el mundo.  Reconozca a los patrocinadores de la tragedia humanitaria y desprécielos en lugar de anhelar patéticamene su modo de vida imperialista. Conozca de sociología,  preocúpese por aprender en lugar de repetir como idiota los estereotipos de siempre. Mírese al espejo y reconozca al cretino en potencia que hay allí, y regálele al mundo un cretino menos, que ya con eso es bastante. !Ah! y deje de mentirse a sí mismo. Lo que usted siente cuando ve al niño ahogado no es indignación por que se ultraje al pobresito en favor del morbo de las masas. Es la remota e incómoda vocecita de su consciencia que amenaza con recordarle que esos ojos nublados y esa carne hinchada no son de usted por un mero asunto de accidentalidad geográfica. Dicho sea de paso,  que mi compañera en la oficina tambien tenía razón. Ya estamos desensibilizados y la mayoría de nosotros nos las ingeniamos para no tener en la cabeza a los sirios ahogados ni a los palestinos desmembrados ni al niño famélico ni a la vietnamita abrasada cuando nos vamos a dormir. Así que la distribución masiva de imágenes absolutamente gráficas y crueles en las redes sociales tampoco promete ser la panacea del pacifismo. Repito, lo único que podemos hacer por las víctimas inocentes de nuestro modo de vida capitalista es entender cómo funciona dicha dinámica injusta y tomar responsabilidad plena de lo que sí está en nuestra manos. Todo lo demás, es comentario.


Cri...cri...cri. 

1 comentario:

  1. Hemos llegado a un punto de inflexión en este instante de la historia contemporánea en la que el bombardeo mediático se encuentra de frente no solo con las tramas orquestadas por la oligarquía de un circulo exclusivo en algún sótano anti-cataclismos, sino con las publicaciones del "güero" de la San Felipe, "la cabrona" de la Guerrero o el "Godínez" de Reforma (que dicho sea de paso me causa ternura cada que circulo por ahí y lo veo con su tupper dispuesto a disfrutar en una jardinera su mas que merecido lonche).

    Todos estos, aunados a miles de usuarios que a diario ejercemos nuestro sagradísimo derecho a opinar hasta del descubrimiento (al fin) de Bosón de Higgs (sin tener una idea de lo que es eso) se mezcla en esta maraña sin filtro de violencia, injusticias, discriminación, pornografía, depravación, sexo y rock & roll... Cómo no insensibilizarnos, o creer que lo hacemos, con tanta banalidad en la que preocuparnos. Cómo no sentir indignación al ver un perro maltratado, un niño ahogado, una mujer golpeada, y aparte cambiar en ese va y ven de emociones a la siguiente publicación donde aparece el nuevo meme de EPN dejando caer la banda presidencial.

    Así no se puede! Que creen que somos todos para andar cambiando de estado de animo cada segundo? Bipolares?... Menopáusicas? (o andropáusicos para los machines)... Piscis?

    La enfermedad de esta segunda década del siglo es la necesidad de aceptación, y la buscamos aunque nuestros principios se interpongan, y deban ser sacrificados por un like... No se, se me vino a la mente.

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